- El mediapunta de 34 años marcó dos goles en el 4-0 de Cienciano sobre Lanús que selló la remontada en Cusco y el pase a los Octavos de Final.
- Nieto de Juan Eduardo Hohberg, héroe del Mundial 1954, y campeón con Alianza Lima, Universitario y Sporting Cristal: una carrera entera ligada al fútbol peruano.
Hay apellidos que cargan épica propia. En la noche más ruidosa del Inca Garcilaso de la Vega, Alejandro Hohberg le hizo honor al suyo: un zurdazo desde afuera del área a los 40' del primer tiempo y otro grito en pleno descuento de la segunda mitad sellaron su doblete en el 4-0 de Cienciano sobre Lanús, la remontada que tumbó al campeón vigente de la CONMEBOL Sudamericana y devolvió al conjunto cusqueño a los Octavos de Final. A los 34 años, el mediapunta firmó una de las actuaciones de su vida. Y en su caso, la palabra "vida" nunca es un cliché.
Porque la historia de los Hohberg parece escrita por un guionista. Su abuelo, Juan Eduardo Hohberg, fue el delantero de Uruguay que marcó dos goles ante Hungría en la semifinal del Mundial de 1954 y que, en el festejo del empate, sufrió un paro cardíaco: lo reanimaron al borde del campo y volvió a jugar el alargue de aquel partido legendario. Ídolo de Peñarol y luego entrenador de la 'Celeste' en el Mundial de México 1970 -donde la condujo al cuarto puesto- don Juan Eduardo terminó radicado en el Perú, dirigió a los grandes del fútbol local y murió en Lima en 1996, cuando su nieto daba sus primeros pasos.
Alejandro nació en Lima en 1991, se crió en Uruguay desde los 7 años y se formó en las juveniles de Peñarol, el club de su abuelo. Debutó en Rentistas, pasó por Torque y en 2014 emprendió el camino inverso al de tantos: volvió al país donde había nacido. Perú lo adoptó de inmediato. Tras sus primeras temporadas en Melgar, San Martín y César Vallejo, su zurda lo llevó a un privilegio que pocos pueden contar: vistió las camisetas de los dos gigantes del clásico peruano y se coronó con ambas -campeón nacional con Alianza Lima en 2017 y ganador del Apertura 2020 con Universitario-, antes de sumar el Apertura 2021 y la Copa Bicentenario con Sporting Cristal. En el medio, Ricardo Gareca lo convocó a la selección peruana, con la que debutó en 2016 y disputó la Copa América Centenario.
Cuando muchos creían que su historia entraba en el epílogo, Hohberg eligió reinventarse. En 2025 fue capitán y bandera de Sport Boys, con nueve goles y siete asistencias en medio año, y en julio de ese año Cienciano lo llevó a la altura de Cusco con contrato hasta 2027. La apuesta era clara: jerarquía y gol para el sueño continental. El zurdo respondió con creces. En la Fase de Grupos de esta CONMEBOL Sudamericana ningún futbolista de Cienciano remató tanto como él: acumuló 25 disparos, la cifra más alta del plantel, y ya había convertido ante Académica Puerto Cabello en la campaña que depositó al equipo en los Playoffs.
Pero lo de anoche fue otra dimensión. Con la serie 0-2 en contra tras la ida, Cienciano necesitaba una gesta ante el vigente campeón del certamen, y Hohberg se puso la remontada al hombro junto a Beto Garcés: el doblete de cada uno, con las asistencias cruzadas entre ambos, construyó el 4-0 que consumó la clasificación. Para el club cusqueño, que había ganado su lugar en la historia grande al conquistar la Sudamericana 2003 ante River Plate y la Recopa 2004 ante Boca Juniors, fue además un guiño al pasado: un equipo argentino volvió a caer en Cusco, y esta vez el verdugo llevaba un apellido con memoria mundialista.
Lo que viene mantiene la vara alta: Botafogo, dueño de la mejor campaña de la Fase de Grupos, será el rival en los Octavos de Final. Allí estará Hohberg, el heredero que durante años intentó "no vivir de lo que hizo mi abuelo", como confesó alguna vez. Después de noches como la del Inca Garcilaso, ya no hace falta: la suya es, por derecho propio, una historia que también merece contarse.