- El delantero rosarino marcó dos de los seis goles de Cienciano en la histórica goleada a Botafogo.
- Ídolo en Atlético Grau con 40 goles en tres temporadas, llegó al Cusco en enero como refuerzo y se ganó su lugar entre los determinantes.
¿Cuántas vueltas puede dar una carrera antes de la noche perfecta? En el caso de Neri Bandiera, la respuesta se cuenta en camisetas: Adiur, Tiro Federal y Renato Cesarini en el fútbol formativo de Rosario; Sarmiento de Resistencia, Juventud Unida de Gualeguaychú, Aldosivi, Belgrano, Estudiantes de Buenos Aires, Patronato y Barracas Central en el ascenso y la Primera de Argentina; Curicó Unido en Chile; Atlético Grau en Perú. Y entonces, recién entonces, Cienciano. El delantero rosarino llegó a Cusco en enero de 2026 con el cartel de refuerzo y en agosto firmó el doblete de su vida: dos goles a Botafogo en el 6-1 histórico que metió al 'Papá' en los Cuartos de Final de la CONMEBOL Sudamericana.
Aquella noche del 13 de agosto tuvo un héroe evidente —Matías Succa con su triplete— y otro más silencioso. Bandiera marcó a los 20' del primer tiempo y a los 17' de la segunda etapa, los dos golpes que convirtieron una ventaja en goleada, y lo hizo cargando una historia que explica por qué lo celebró como lo celebró. Hincha de Rosario Central, criado en los clubes de barrio de la Asociación Rosarina, el atacante construyó su carrera lejos de los reflectores: un ascenso con Juventud Unida a la Primera B Nacional, pasos por media docena de clubes argentinos, la aventura chilena en Curicó que una lesión grave cortó de cuajo y lo dejó meses fuera de las canchas, mirando de afuera, a la espera de una merecida revancha.
La revancha apareció en el norte de Perú. Atlético Grau, de Piura, lo adoptó en 2023 y Bandiera respondió con la etapa más prolífica de su carrera: 40 goles en 103 partidos a lo largo de tres temporadas, suficientes para volverse ídolo de la hinchada albo-dorada y para que Cienciano fuera a buscarlo cuando armó el plantel para esta CONMEBOL Sudamericana.
En el Cusco no arrancó como titular indiscutido: le tocó esperar, entrar, empujar desde atrás. Él mismo lo contó con una humildad que retrata al personaje, después de la noche ante Botafogo: "Es difícil cuando uno está afuera, pero agradezco porque mis compañeros me regalaron la goleada ante Lanús y poder estar hoy contra Botafogo".
Esa frase esconde el otro dato de la campaña: Bandiera se perdió la remontada épica ante Lanús en los playoffs y la vivió desde afuera, agradeciendo. Cuando le llegó el turno, no lo desaprovechó: sus dos goles ante el 'Fogão' fueron de delantero de raza, de esos que se fabrican en años de áreas ajenas y pelotas divididas en canchas sin tribunas. A los brasileños les tocó descubrir en una sola noche lo que el ascenso argentino y la liga peruana ya sabían: que al rosarino no hay que darle espacio.
Ahora Cienciano, que administró la ventaja en la vuelta de Río y cerró la serie con un global contundente, se prepara para los Cuartos de Final ante Montevideo City Torque, con la ilusión de todo un país empujando desde la altura del Cusco. La llave tiene un condimento que agranda todo: de ahí saldrá sí o sí una historia grande, y el 'Papá' quiere que sea la suya. Y Bandiera pelea por ser de la partida en la instancia más importante que jugó en su carrera, esa que las nueve camisetas anteriores parecían haberle negado para siempre. A los delanteros como él, que aprendieron a esperar, estas series les quedan cómodas: se definen por detalles, y los detalles son su especialidad.
El fútbol sudamericano está lleno de historias de trotamundos, pero pocas tienen un giro tan redondo: el hincha de Central que se fue de Rosario a buscar minutos por el litoral argentino, que se lesionó en Chile y renació en Piura, terminó anotándole un doblete a un gigante de Brasil en la noche más gloriosa de la historia reciente de su club. En el Cusco ya le encontraron la vuelta a la paradoja: a veces el camino más largo es el que deja mejor parado a un delantero frente al arco. Neri Bandiera tardó una década en llegar a su noche perfecta. Ahora quiere que no sea la última.