- El extremo de 19 años debutó el 2 de agosto con gol y once días después le marcó un golazo a Recoleta en la ida de los Octavos de la CONMEBOL Sudamericana.
- Nacido en el barrio La Cava, en Beccar, llegó a Boca a los 7 años; su primer DT de baby lo recuerda haciendo chilenas al arco a los 5.
"Mi hijo le tiraba laterales y él hacía chilenas con cinco años. Y no a cualquier lado: todas al arco". El que habla es Christian Benítez, el primer entrenador que tuvo Leonel Flores en El Zorzal, un club de barrio de San Isidro. La escena tiene casi quince años y hoy funciona como profecía cumplida: aquel nene que hacía piruetas antes de aprender a leer es, a los 19 años, una de las apariciones más frescas de Boca Juniors y una de las razones por las que el 'Xeneize' juega los Cuartos de Final de la CONMEBOL Sudamericana.
Flores nació el 6 de febrero de 2007 y se crio en La Cava, uno de los barrios más populares de Beccar, en la zona norte del Gran Buenos Aires. Su camino fue el clásico de las joyas argentinas: El Zorzal, después Ballester y Barrufaldi, hasta que a los 7 años una prueba lo depositó en Boca, adonde llegó de la mano del ojeador Diego Mazzilli. En su casa y en su primer club nadie le dice Leo: es "Benja", por Benjamín, su segundo nombre. "Para mí es Benja, no es Leo. Pero bueno, sé que le voy a tener que decir Leo", comentó Benítez en una entrevista al Diario Olé.
Los números en la Reserva ya venían avisando: ocho goles en cada uno de los últimos dos torneos, un gol olímpico ante Platense, cuatro tantos en una sola tarde frente a Aldosivi. El extremo —puede jugar por las dos bandas— empujó la puerta hasta que Rodolfo Arruabarrena se la abrió: debutó el 2 de agosto ante Sarmiento, por Copa Argentina, y esa misma tarde marcó su primer gol. Nueve días después llegó la noche que lo presentó ante el continente: golazo a Recoleta en la ida de los Octavos de la CONMEBOL Sudamericana, un derechazo cruzado en la Bombonera para encaminar el 3-1 que abriría la clasificación aplastante del equipo.
Lo que más conmueve de su historia, sin embargo, no son los goles sino cómo los cuenta. "Miro para atrás, cuando llegué era chico. Ya el día que debuté iba en el micro y se me iban cayendo las lágrimas porque no lo podía creer", confesó tras su actuación ante Recoleta. Y enseguida, la frase que pinta la seguridad en su propio trabajo: "Siempre fue cuestión de tiempo. Yo sabía que venía haciendo las cosas bien. Estaba convencido. Y se me dio".
En Boca hicieron rápido los deberes: el contrato que había firmado en septiembre de 2024 fue renovado hasta junio de 2029. La velocidad, la gambeta y esa intensidad que sostiene los 90 minutos lo instalaron en el equipo en un puñado de semanas, y junto a Tomás Aranda, otra de las grandes apariciones del conjunto de La Ribera, aporta la frescura necesaria para cualquier plantel que cuenta con futbolistas de experiencia como Leandro Paredes. Los pases en ventaja del volante central campeón del mundo ahora tienen como destinatario a un pibe que explota con sus ráfagas las debilidades de las defensas rivales.
Su irrupción no es un caso aislado sino la cara más visible de un fenómeno: el Boca de esta Sudamericana mezcló la jerarquía de sus nombres consagrados con una camada de juveniles que se ganó minutos grandes de Copa, y la serie ante Recoleta —cerrada con una goleada en Asunción y un global de 7-1— fue la fiesta de esa convivencia. Mientras Miguel Merentiel volvía al gol, los pibes le cambiaban el pulso al equipo. Y ninguno lo hizo con la contundencia de Flores.
Ahora el calendario le propone el salto más grande: los Cuartos de Final ante São Paulo, con ida en La Bombonera y vuelta en el Morumbi. Para un futbolista con un puñado de semanas en Primera División, será la serie más exigente de su corta vida profesional; para Boca, la confirmación de que su campaña arrolladora tiene, además de presente, futuro. Y para La Cava, que lo vio irse en colectivo a entrenar durante una década, la posibilidad de que uno de los suyos brille en una semifinal continental.
Las chilenas de los cinco años, las lágrimas en el micro del debut, el barrio que lo espera cada vez que vuelve. La historia de Leonel Flores recién empieza a escribirse, pero ya tiene todos los ingredientes de las que el fútbol argentino atesora.