Thiago Silva busca cerrar el círculo que empezó en 2008 con Fluminense

Thiago Silva celebra la clasificación de Fluminense a octavos de final
  • A los 41 años, el capitán de Fluminense arengó al vestuario en Mendoza evocando la final perdida de 2008 ante LDU.
     
  • Con contrato hasta fin de año, el zaguero llega a los Cuartos de Final ante Platense con una cuenta pendiente de casi dos décadas con la Gloria Eterna.

El micro de Fluminense avanzaba por Mendoza y Thiago Silva cerró los ojos para pensar qué decirles a sus compañeros. Ya en el vestuario y en los instantes previos a salir al campo de juego del Malvinas Argentinas, el mítico central pidió la palabra y arengó: "Venía en el ómnibus meditando, pensando en qué podía hablar. No para motivar, sino para mostrar el momento real en el que estamos”. El plantel, como un grupo de fieles que oye a su guía con devoción, se mantuvo en silencio para recibir la lección: “Eso me remitió a 2008, a mi primera CONMEBOL Libertadores. Parece que fue ayer. Perdimos la final; no sé si fue justo o injusto, pero perdimos. Y esta puede ser mi última. No quiero que se acabe hoy. No quiero volver a casa triste; quiero volver con el sentimiento de que entregamos todo ahí adentro. No lo dejen para después. La vida es muy corta, aprovechen".

A días de cumplir 42 años y con una molestia muscular que lo mantuvo en vilo en la previa, Thiago Silva fue titular esa noche cuyana y le tocó sostener a sus compañeros, también, dentro de la cancha. Fluminense se quedó con diez por la expulsión de Agustín Canobbio a los 57 minutos, defendió la ventaja del gol de Kevin Serna durante media hora en inferioridad y, cuando la clasificación ya se tocaba con la mano, un penal convertido por Álex Arce en el séptimo minuto de adición mandó todo a la definición desde los 12 pasos. Allí el conjunto carioca se impuso 5-4 con Fábio como héroe y el capitán, que abrió el camino con la conversión del primer disparo, terminó la noche exactamente como se lo había exigido a sus devotos: entregando todo ahí adentro. 

La historia del zaguero con la CONMEBOL Libertadores empezó 18 años atrás con el conjunto carioca, mucho antes de sus tardes de gloria en Europa. Aquel Fluminense hizo una campaña memorable y llegó a la final ante LDU de Quito, que levantó el trofeo en el Maracaná tras una definición por penales que todavía duele en Laranjeiras. Thiago Silva era el pilar de esa defensa, un central de 23 años que jugaba cada pelota como si le fuera la vida: poco antes, en Rusia, una tuberculosis pulmonar lo llevó a permanecer hospitalizado cuatro meses en Moscú, al borde del retiro y algo más, hasta que Fluminense lo rescató y le devolvió el fútbol.

Por eso aquella final perdida caló tan hondo, y por eso desde entonces cargó con una cuenta pendiente que ni la elite del Viejo Continente pudo saldarle: se fue a Milan, fue capitán de la selección brasileña, ganó todo lo que había para ganar en Francia con PSG y conquistó la Champions League con Chelsea, pero la Gloria Eterna quedó ahí, intacta, esperándolo del otro lado del océano.

El fútbol suele ofrecer segundas oportunidades; rara vez son perfectas. La de Thiago Silva lo es: volvió al club que le salvó la carrera, se reencontró con Ganso —su compañero de mil batallas— y llegó a estos Cuartos de Final con el equipo en alza y el vestuario rendido a su liderazgo. Hasta en las semanas en que una molestia muscular lo marginó, encontró la manera de conducir: se pegó al cuerpo técnico de Marcão como una suerte de asistente de lujo y trabajó a contrarreloj para llegar a Mendoza. Llegó, jugó y lideró.

Y el destino, que suele ser un guionista caprichoso, se encargó de un detalle más: LDU, su verdugo de 2008, también está en los Cuartos de Final de esta edición. Si ambos avanzan y los cruces acompañan, el círculo podría cerrarse con una revancha de novela. Pero el capitán no proyecta tan lejos. Su mensaje en el vestuario fue exactamente el contrario: "No lo dejen para después".

Hay algo más en esa arenga que pinta al personaje. Cuando terminó de hablar de 2008 y de la vida corta, bajó a lo concreto y señaló a un compañero: "A la hora de jugar, calma, tranquilidad. Piensen en Paulo (Henrique Ganso), en la tranquilidad de él. Parece que está ajeno al partido. Eso es lo que necesitamos hoy". Horas después, con diez hombres y el estadio en contra, esa calma fue el plan de juego.

Imagen
Thiago Silva Fluminense Independiente Rivadavia octavos de final

Su vínculo con Fluminense vence a fines de 2026 y el propio jugador ya dio indicios de que el retiro está cerca. Nada está firmado, ni la renovación ni el adiós. Pero la ventana es esta: cada partido de esta CONMEBOL Libertadores puede ser el último de Thiago Silva en el torneo, y él eligió decírselo a sus compañeros antes que a nadie.

Platense, el rival de Cuartos, llega como la sorpresa del cuadro: eliminó por penales a Coquimbo Unido y juega los primeros Cuartos de Final de la CONMEBOL Libertadores de su historia. Enfrente estará un zaguero que ganó casi todo lo que el fútbol tiene para ofrecer, que debutó en esto cuando varios de los titulares del 'Calamar' eran niños, y que dieciocho años después sigue persiguiendo lo mismo que aquella noche en el Maracaná.

En Río ya lo saben: la última cruzada del capitán empezó en un vestuario de Mendoza, con los ojos húmedos y una instrucción que era también un testamento futbolero. Entregar todo ahí adentro. No volver a casa triste. Y, si la vida y el cuadro lo permiten, cerrar en 2026 el círculo que se abrió en 2008.