- El camino de Boca Juniors a las Semifinales de la CONMEBOL Sudamericana exhibió una resignificación defensiva sustentada en la impronta de su entrenador, Rodolfo Arruabarrena.
- La historia del ‘Vasco' con Carlos Bianchi encuentra puntos de contacto en la filosofía 'Xeneize': el actual DT tomó la posta de una cultura futbolística que convirtió la disciplina táctica como una de las marcas registradas de uno de los equipos más ganadores del continente.
El combinado argentino atraviesa una etapa en la que la reconstrucción colectiva es el lema principal. Con cambios en puestos determinantes en comparación a la Fase de Grupos de la CONMEBOL Libertadores 2026 -de la que quedó eliminado bajo la conducción de Claudio Úbeda- el equipo parece haber recuperado una premisa histórica. Un andamiaje que se construye de atrás para adelante y que plantea cada encuentro con el objetivo, en primera instancia, de mantener el arco propio en cero.
“Rodolfo, usted sabe que lo primero que tiene que hacer es marcar”, le dijo Bianchi a Arruabarrena en su etapa como lateral izquierdo, en la que bajo las órdenes del ‘Virrey‘ conquistó la CONMEBOL Libertadores 2000 y dos torneos locales antes de emigrar al fútbol europeo.
Una frase resuena en los pasillos de la ‘Bombonera‘ desde la época dorada en la que el elenco argentino consiguió cinco títulos internacionales -entre ellos el certamen más prestigioso del continente en tres oportunidades (2000, 2001 y 2003)- en un lapso de cuatro temporadas. Y quedó grabado casi como un leitmotiv del ciclo Bianchista. “Usted tiene que tener buenos jugadores, no fenómenos. Tienen que ser buenos e inteligentes. Si los jugadores son inteligentes, usted puede llegar a lograr grandes cosas”.
El vínculo, dos décadas más tarde, con el presente del 'Xeneize' es inequívoco. Arruabarrena, tras la victoria por 3-0 ante Unión de Santa Fe por el torneo local, a días del primer duelo por la Semifinales de la CONMEBOL Sudamericana remarcó: "Yo hablo lo justo y necesario: tengo jugadores inteligentes, referentes inteligentes, un capitán muy inteligente, unos chicos que saben lo que les costó tener esta actualidad”.
De atrás hacia adelante
De las últimas dos líneas del equipo que cayó ante la Universidad Católica en la Fecha 6 de la actual edición de la Gloria Eterna, en condición de local, el combinado argentino cambió tres de los cinco nombres propios: Álvaro Montero reemplazó a Leandro Brey en el puesto de arquero; el uruguayo Leandro Lozano (autor del único gol de Boca en el MorumBIS ante São Paulo por los Cuartos de Final) se afianzó en la banda derecha y Facundo Herrera ocupó la posición de segundo defensor central en la llave ante el conjunto brasilero.
La estadísticas ratifican la decisión de renovar la estructura defensiva de un equipo que ganó en competitividad e identidad a lo largo de la Fase Eliminatoria: convirtió diez tantos, recibió apenas tres y mantuvo su valla invicta en tres de los seis encuentros que disputó (dos de ellos delante de su público, y el restante fuera de casa).
Con más de 20 años de diferencia, el discípulo tomó la filosofía de su maestro para consolidar su propio equipo y partir de una idea clara: antes de pensar en cómo lastimar al rival, hay que saber cómo evitar que el rival te haga daño. Y reforzó los mecanismos de un equipo que hizo de la inteligencia táctica y la eficacia sus principales herramientas para ganar.
La herencia del 'Virrey'
Ahora, desde el banco de suplentes, Arruabarrena busca trasladar parte de aquella herencia Bianchista a una actualidad diferente y que encuentra a su equipo en las semifinales de la CONMEBOL Sudamericana, instancia en la que se medirá ante Vasco da Gama, en un historial positivo para Boca Juniors que se mantiene invicto ante el representante carioca en torneos CONMEBOL (dos victorias y dos empates).
El recorrido del combinado argentino en el certamen continental ofrece argumentos para ilusionarse con una nueva gesta en la ‘Gran Conquista’, que ya obtuvo en 2004 y 2005: una estructura sólida que le permite alternar registros en diferentes escenarios y que forjó un fuerte vínculo emotivo con uno de los ciclos más importantes de la historia del club.