Juan Antonio Pizzi: “Central tiene las condiciones para conseguir la CONMEBOL Libertadores”

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  • Fue el goleador del Rosario Central semifinalista de la CONMEBOL Libertadores 2001, mejor actuación histórica del ‘Canalla’ con Edgardo Bauza como DT, antes de que la ganase con Liga de Quito (2008) y San Lorenzo (2014)
     
  • El Patón fue el mejor líder que tuve, equilibraba con su personalidad”, dice ahora quien está entre los diez máximos artilleros de la historia del club que lo vio nacer
     

Juan Antonio Pizzi metió, en total, 14 goles en 27 partidos durante cuatro ediciones de la CONMEBOL Libertadores. Fue semifinalista con River en la de 1998 (eliminación ante Vasco da Gama) y en la de 1999 (ante Palmeiras) y, en la de 2000, ya con Rosario Central -el club que lo vio nacer-, alcanzó los octavos de final, instancia en la que se topó con otro club brasileño, Corinthians.

Pero en la CONMEBOL Libertadores 2001, a pesar de haberse quedado en las puertas de la final tras caer en semi contra Cruz Azul de México (5-3 en el global), pudo colaborar en la aún mejor actuación histórica de Central en la competición. Pizzi, un señor goleador que tuvo tres etapas en el ‘Canalla’ (1988-90, 1999-2000 y 2001), aportó aquella vez siete goles en diez partidos (72, en total, en 137 partidos en Central).

A los 57 años, después de haber dirigido a Colón, Central, San Lorenzo (campeón del Torneo Inicial 2013) y Racing en Argentina, Universidad Católica (campeón de la Primera División 2010) y Santiago Morning en Chile y Universidad San Martín de Porres en Perú, Pizzi atraviesa un impasse como DT luego de su último paso al frente de la selección de Kuwait (en 2016 fue campeón con Chile de la Copa América Centenario en Estados Unidos). Desde su Santa Fe capital natal (“cuando no trabajo afuera, siempre estoy por acá, es donde mejor estamos”), se dispone a una charla con CONMEBOL Libertadores.

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CONMEBOL: ¿Quién fue Ángel Tulio Zof, el DT con el que debutaste como profesional en Central el 8 de junio de 1988, ante River en el Gigante de Arroyito (0-0) por la ida de los cuartos de la Liguilla pre-Libertadores?

JUAN ANTONIO PIZZI: Don Ángel me llevaba a entrenar cada tanto a Primera. Los que jugábamos en la Cuarta o en la Primera de la liga local, la Rosarina, íbamos porque les hacían falta jugadores para completar dos equipos o necesitaban que hubieran más. En una de esas invitaciones anduve bien y me empezaron a llamar más seguido; hasta que un día se lesiona Fernando Lanzidei. Ese fin de semana había jugado con Boca en Buenos Aires, en la Reserva. Había andado muy bien. Y Don Ángel me dice, cuando me estoy por subir al micro de la Reserva: “No, no, usted sube con el plantel de Primera, se queda concentrado”. Volvimos y nos quedamos concentrados porque jugábamos la Liguilla. Lo que no me esperaba era que al día siguiente, cuando hicimos fútbol, me pusiera en el equipo titular que iba a enfrentar a River. La alegría inmensa, y una muestra de confianza de Don Ángel, que tenía esa visión de encontrar los momentos de los jugadores para utilizarlos, por madurez, por condición física. Era muy preciso. Hablando con él, te dabas cuenta de que te miraba y ya sabías que te estaba estudiando, y de acuerdo a cómo reaccionabas -generalmente uno lo hace con naturalidad-, confiaba en que podías responderle en lo que pretendía. En ese momento Central tenía un grupo de jugadores en Primera excepcional, con una capacidad de conducción invalorable. El Patón Bauza, (Ariel) Cuffaro Russo, Alejandro Lanari, el Pichi Escudero, el Chiqui Cornaglia, el Pato Gasparini; tipos que los ves y hablás hoy y decís: “¡Qué fácil, cuánta ayuda me dio esta gente!”.

CONMEBOL: Viajamos hasta la CONMEBOL Libertadores 2001. Dijiste que el partido de vuelta por los cuartos que ganan por penales -después de un gol tuyo in extremis, al minuto 90- ante América de Cali en Colombia fue “la mayor alegría que viviste adentro de una cancha”. ¿Hubo una conexión con tus orígenes?

PIZZI: Salvando las distancias, en esa última etapa en Central ya la exigencia y mi posición dentro del club y del plantel eran diferentes. Tenía 33 años y era de los más grandes. Estaban Ricardo Canals, Líber Vespa, el Tati Buljubasich, (Laureano) Tombolini. Y una camada de chicos que iban aprendiendo, aceptando lo que creíamos que era lo mejor para el club y después para cada uno de ellos cuando era necesario o requerían algún consejo. Un equipo de muchos chicos con una proyección terrible. Casi todos después hicieron una muy buena carrera como profesionales.

CONMEBOL: Los futbolistas surgidos de las inferiores de Central siempre presentes, como ahora, desde Ángel Di María hasta Ignacio Ovando. ¿Es una de las claves del club?

PIZZI: Central tenía muy buena captación de jugadores de inferiores, sobre todo del interior de Córdoba y de Santa Fe. Y la evaluación que hacían los técnicos era sobre todo a través del Coco Pascuttini, que estaba a cargo de esa tarea. Era muy criterioso a la hora de evaluar. Él fue uno de los artífices del desarrollo de las inferiores en Central. Argentina te obliga, independientemente de cómo se esté política o económicamente. Somos un país productor de futbolistas que alimenta a todas las ligas del mundo. Y en esa producción, las inferiores son la piedra angular a partir de las que se puede proyectar lo que va a suceder en cinco, diez años. En eso Central, después del golpe de haber descendido en el 84 y ascendido al año siguiente, se dio cuenta y empezó a desarrollar ese camino. Con el Coco Pascutini como líder. Estaba Pancho Erausquin, un conocedor supremo de las inferiores. Me tocó trabajar con José Maleo, con Ernesto Díaz, con muchos profesores y entrenadores que nos fueron guiando y haciendo valorar primero nuestra carrera y después lo que significaba Central, que es un sentido de pertenencia muy grande.

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CONMEBOL: En tu debut como futbolista tuviste como compañero a Edgardo Bauza. Luego, como DT en la CONMEBOL Libertadores 2001. Él la ganó con Liga de Quito (2008) y San Lorenzo (2014). ¿Quién es el Patón Bauza?

PIZZI: Fue el mejor líder que tuve como compañero. El Patón utilizaba las palabras justas en los momentos justos con la gente indicada. La mayor virtud del Patón es que iba al frente siempre, tanto en lo deportivo como en lo social; y, a los que nos gusta ir al frente, nos hacía sentir respaldados; sabías que él iba adelante y te facilitaba el camino, porque te iba allanando y enseñando un montón de cosas. Eso fue el Patón como jugador y entrenador. Cuando había que salir a defender o a ponerle el pecho a una mala situación, o incluso hasta a una buena situación, para volver a poner los pies sobre la tierra; él, automáticamente, equilibraba con su forma de ser, su palabra, su personalidad. Y ese equilibrio te permitía ser consciente de lo que eras, conocerte, ver que cuando perdías tenías posibilidades de revertir la situación, y que cuando ganabas, que ganar no es ni casualidad ni para siempre, que se valora cuando se gana pero que para ganar hay que trabajar mucho. El Patón lo tenía muy claro y transmitía eso socialmente, no solo a los medios de comunicación, sino en el entorno que se movía, entre los jugadores, en todos lados. Era esa forma de ser.

CONMEBOL: ¿Cómo analizás la actualidad del fútbol sudamericano?

PiZZI: Lo dividiría en tres partes. Brasil y Argentina tienen más posibilidades que los demás equipos. Brasil, fundamentalmente, al margen del nivel de los futbolistas, por una capacidad económica extraordinaria. Y Argentina por una pasión desmesurada en la identificación que tenemos con el fútbol, lo que nos hace ser muy competitivos incluso en situaciones muy desventajosas. Y después están los demás países, que tienen siempre tres o cuatro equipos grandes pero que al resto todavía le falta, están en un desarrollo para ser competitivos al nivel, por ejemplo, de lo que es el fútbol argentino en todas sus categorías. En Argentina, un equipo de la B Metro, del Federal A, ni hablar del Nacional, contra un equipo de Primera, equipara muchísimo a la hora del desarrollo del juego por la desmesurada pasión que tenemos por competir, por ganar, por esforzarnos. Y la prueba está en la cantidad de sorpresas. En otros países, esa diferencia entre tres o cuatro grandes con el resto de los equipos es considerable.

CONMEBOL: El 60% de los últimos diez entrenadores confirmados de la selección de Chile fueron argentinos. Uno fuiste vos, claro. Y ahora venís de haber dirigido en Oriente Medio a las selecciones de Kuwait, Baréin y Arabia Saudita. ¿Cuál es el factor diferencial del DT argentino?

PIZZI: Vocación, ambición. Así como los jugadores tienen ese afán de competir, los jugadores son el reflejo de lo que les transmiten los entrenadores. Somos los que les encendemos esa mecha para competir. Cuando los entrenadores tenemos esa ambición de querer igualar, superar lo que vamos haciendo, competir con el rival, se valora muchísimo en todo el mundo. Por eso el éxito de muchos entrenadores argentinos, dirigiendo selecciones y consiguiendo cosas que a veces son muy difíciles de conseguir. No digo que no las puedan conseguir los demás, porque a la hora de la teoría, todos más o menos conocemos lo mismo, queremos lo mismo, pero a la hora de transmitirlo, la mayoría de los argentinos tienen un plus sobre el resto.

CONMEBOL: Estás entre los diez máximos goleadores de la historia de Central. ¿Cómo se relaciona un delantero con la práctica de meter goles? ¿Hay hoy un biotipo de goleador similar al que fuiste?

PIZZI: Hay trabajos que tienen que ver fundamentalmente con la confianza. Es muy puntual el tema de la confianza para los delanteros. Los trabajos de definición, en base a la repetición, las correcciones y la insistencia, van generando esa confianza, y después ese aprendizaje lo ves reflejado en los partidos. No sólo a la hora de jugar, sino en la previa, cuando salís a la cancha y decís: “Hoy me siento con confianza porque sé hacer ésto, sé hacer ésto otro, y ante ésta situación me creo capaz, puedo hacerlo, porque ya lo hice en los entrenamientos”. Me sirvió muchísimo. Trabajaba mucho el cabezazo; soy de físico grande y era un arma que podía utilizar. Entrenar centro, definición y cabezazo me sirvió mucho. En el segundo gol a América de Cali, me acuerdo que Líber Vespa tira el centro y cabeceo. No quiero ponerlo entre los mejores, pero sí recuerdo goles de cabeza que están entre los diez mejores goles míos.

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CONMEBOL: ¿Qué aprendiste del brasileño Ronaldo Nazário, con quien compartiste la temporada 1996/97 en el Barcelona?

PIZZI: Lo que más me llamó la atención fue el trabajo individual físico que hacía. Venía del PSV de Holanda; era chiquillo, tenía 19 años, y me sorprendió porque todos hacíamos el entrenamiento normal de esa época. Llegar media hora antes, cambiarte, prepararte, ponerte los botines, salir al campo, la entrada en calor, el entrenamiento, volver, bañarse, irse cada uno a su casa. En el caso de Ronaldo, llegabas y preguntabas: “¿Dónde está ‘Ronnie’?”. Siempre estaba en el gimnasio con un fisio constantemente haciendo cuádriceps. No digo que la base del juego de Ronaldo haya sido el gimnasio ni las pesas, pero la potencia… Él podía marcar una diferencia muy grande en base a su habilidad por la potencia; tenía un freno, y para frenar hay que tener fuerza, y para tener fuerza hay que trabajar la fuerza. ‘Ronnie’ tenía esa fortaleza, sobre todo en el tren inferior, en las piernas, que marcaba mucha diferencia. Después, como todo brasileño, muy desentendido de cualquier tipo de presión; él se iba a una playa de Barcelona y se ponía a jugar futvóley, y empezaba a llegar gente y juntaba 500 personas, siendo jugador del Barça y habiendo jugado dos días antes. Naturalizaba toda su vida. El jugador brasileño es de ese tipo de comportamiento. En estos 30 años cambió completamente el fútbol y en la actualidad todos los jugadores necesitan tener un personal trainer o algún complemento de los trabajos que se hacen en el fútbol, al margen del desarrollo de los entrenamientos futbolísticos, que corresponden al entrenador, es decir los tácticos, los individuales, las habilidades, la destreza, el perfilamiento. Pero para que el entrenador pueda hacerlos, las condiciones físicas tienen que ser muy buenas. Nosotros, en nuestra época, éramos más lentos, menos agresivos, teníamos incluso más tiempo para decidir. El ritmo con el que se juega hoy es infernal, una velocidad, una precisión, una técnica individual que es admirable.

CONMEBOL: ¿Cómo ves a Central en la CONMEBOL Libertadores 2026?

PIZZI: Central, al margen de lo que viene desarrollando y consolidado, porque el año pasado fue el equipo que más puntos sacó en Argentina, tiene a Di María. Y eso, no solo para los compañeros sino para el entorno del fútbol, para los rivales, es un plus que está explotando muy bien. Ojalá que Central pueda conseguir la tan deseada CONMEBOL Libertadores. Hay que ir paso a paso, pero las circunstancias o las condiciones están dadas para que pueda conseguir lo que se propone.

CONMEBOL: En 1999 le preguntaron a un amigo tuyo en el diario La Capital, de Rosario: “¿Vas a jugar en Central?”. Respondió: “Tú sabes, el dinero no es todo”. Ese amigo tuyo es Luis Enrique, DT del PSG campeón de la última Champions.

PIZZI: Llegamos juntos al Barça, así que tuvimos una relación personal y familiar muy cercana. La seguimos teniendo. La distancia a veces hace que nos veamos poco, pero cuando tenemos la oportunidad de encontrarnos, nos encontramos. Cuando me decían a quién traería a Central, decía siempre: “A Pep (Guardiola) y a Luis Enrique”. Ya en ese momento tenían una visión del juego diferente, que luego demostraron como entrenadores. Ahora no sé, pero hasta hace cinco años tenían la condición física para poder competir. Son dos atletas tremendos; Luis Enrique no pudo cumplir ese sueño que tienen muchos futbolistas españoles cuando ven el fútbol argentino. “Sería una locura ir a jugar”. Después, por diferentes motivos, no se concretan, pero tenemos a Ander Herrera ahora en Boca y tuvimos en San Lorenzo a (Iker) Muniain. Nos pasa a nosotros cuando venimos de Europa. En Argentina vivimos de otra forma seguir el fútbol. El argentino es desmesurado para vivir el fútbol, desde la cantidad de programas, la cantidad de hinchas, la ambición que tienen los jugadores para llegar a ser profesionales.