Arruabarrena: “El hincha quiere la CONMEBOL Libertadores, es una obsesión”

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  • Rodolfo Arruabarrena fue clave en la consagración de Boca Juniors en la CONMEBOL Libertadores del año 2000 

  • En diálogo con CONMEBOL recordó aquellos días y analizó el presente del club 

Rodolfo Martín Arruabarrena tenía 11 años cuando superó la prueba para ser jugador de las infantiles de Boca Juniors en el predio La Candela. Por entonces, verano de 1986, jugaba como centrodelantero en el Club Unitarios de la ciudad bonaerense de Marcos Paz, al oeste de Buenos Aires capital. En la prueba, que para él duró diez minutos, había más de 200 chicos: el pequeño 'Vasco' metió tres goles. Hijo de Rodolfo Tomás y hermano de Rodrigo, los Arruabarrena eran -y son- una familia de ‘bosteros’.

Aquel pequeño 'Vasco' creció y tuvo como entrenador en la Octava División a Silvio Marzolini, histórico lateral izquierdo de Boca y la Selección Argentina. Y, a los 17 años, debutó como profesional en la Primera de Boca, en 1993. Tras 17 goles en 178 partidos, el bicampeonato local Apertura 1998-Clausura 1999 y, en especial, la gloria de la CONMEBOL Libertadores 2000, se marchó al Villarreal de España antes de que cumpliese los 25. Había pasado casi 15 años como jugador de Boca. Luego regresaría como DT, entre 2014 y 2016 (eliminación ante River en semi de CONMEBOL Sudamericana 2014 y en octavos de CONMEBOL Libertadores 2015 y las estrellas de la Primera División 2015 y la Copa Argentina 2014/15).

Arruabarrena, quien jugó seis meses a préstamo en Rosario Central en 1996, inscribió su nombre en la primera etapa dorada de Carlos Bianchi como entrenador de Boca. Entrega, seguridad y despliegue. Y dos goles en la final de ida de la CONMEBOL Libertadores 2000 en La Bombonera ante Palmeiras de Brasil, el campeón defensor que caería luego por penales en la vuelta en el Morumbí. El 5 de julio de 2000, en el 2-0 de Boca ante Estudiantes de La Plata, el 'Vasco' jugó su último partido vestido de azul y amarillo. Bianchi, en la nota post partido en pleno campo de juego, dijo: “Es un verdadero jugador de la cantera de Boca”.

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Desde Oropesa del Mar, a 30 kilómetros de Villarreal, y luego de una década como técnico en equipos de Oriente Medio, Arruabarrena (50 años) charla con CONMEBOL Libertadores.

-¿Qué es ser “un verdadero jugador de la cantera de Boca”?

-Es el sentido de pertenencia, el conocer cómo comportarse dentro y fuera del campo. Nunca tuve problemas en ese sentido. El jugador es egoísta y muchas veces piensa más en él que en el equipo. He tenido la suerte de tener grupos, tanto de más chico como de más grande, que tenían sus personalidades y capitanes, y eso me ayudó. He debutado en Primera en Boca en un momento en el que no era tan fácil. Mis primeros seis meses, el plantel, los jugadores de experiencia, conocían solamente mi risa: ni hablaba. Era escuchar, tratar de tomar las cosas que creía que me iban a servir, y las otras, las meditaba un poquito más. Y cuando llega Carlos (Bianchi), es verdad, éramos pocos los salidos del club.

-¿Existe una fisonomía del futbolista formado en Boca?

-He tenido conversaciones y discusiones con entrenadores cuando estaba en el club por el ADN de Boca. “Este jugador no tiene el ADN de Boca”. Siempre decía lo mismo: “¿Cuál es? Porque el máximo ídolo de Boca es Román”. Todo lo achacan al “huevo”, a esa garra. El jugador de Boca tiene que tener personalidad porque no es fácil jugar por todo lo que concierne alrededor. Pero tiene que tener cualidades y hubo jugadores que se han caracterizado por su garra, por su temperamento, y otros por su fútbol. En diferentes generaciones eso se ha resaltado. Pero no hay algo que identifique al jugador de Boca. Lo más claro es la personalidad. Si no tenés personalidad, es muy difícil poder triunfar en Boca.

-¿Cómo ves hoy a Boca en las gestión de las inferiores?

-Estoy lejos, pero tengo gente amiga que me comenta. Cuando estuve también se trabajaba bien en inferiores, pero el mejor ejemplo es la cantidad de chicos que salieron porque se lo merecían, no porque les hayan regalado. Hoy Boca tiene a Mauro (Navas), que fue mi ayudante cuando fui entrenador de Boca, que es un entrenador que enseña [Navas es el técnico de la Novena División]. Supongo que ahora es más difícil ver a esos entrenadores, porque muchos quieren un resultado. En la liga argentina todos los clubes necesitan apostarle a la cantera porque es lo que les va a dar dinero y una base a futuro. Hoy, para la liga argentina, uruguaya o chilena, es muy difícil pelear con el presupuesto que tiene la liga brasileña. Tenés que formar jugadores y cada tanto enganchar una camada de muy buenos que tenga sentido de pertenencia, que sepan donde están y que te den alegrías. En Sudamérica, los clubes han dado un pasito adelante en pensar más en las inferiores. No sé si por una necesidad, obligación o convencimiento. Hay que trabajar ahí. Y los clubes tienen que tener ganas de poner a estos chicos y tener paciencia.

-¿Cambió el rol del lateral izquierdo, de los laterales?

-Tienen más falencias defensivas que ofensivas. Hoy tienen mayor velocidad, mejor uno contra uno, pero noto, en diferentes ligas, falencias en cuestiones defensivas, en perfiles, en cierre, en basculaciones. Muchas veces esas falencias se tapan con velocidad, con una línea de tres. Ahora los sistemas, en líneas generales, en algunos equipos de Europa, van cambiando, pero los laterales ya son más carrileros. Algunas cosas cambian para mejor, otras tal vez no. Antes los dos laterales no podían atacar a la misma vez. Hoy si tenés un buen mediocentro, o un central con línea de tres, sí. Pero con un mediocentro que a la hora de tener la pelota sea un mediocampista y a la hora de defender se meta como un líbero, los laterales no tendrían por qué no estar altos.

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-En la CONMEBOL Libertadores 2000 marcaste cinco de tus 17 goles en Boca. Uno a Peñarol de Uruguay (Fase de Grupos), uno a El Nacional de Ecuador (octavos), uno a América de México (semi) y dos en la final de ida ante Palmeiras en La Bombonera. ¿Por qué tantos en seis meses?

-No los cambio por nada, son incomparables. Estaba en un momento que tenía esa facilidad y el equipo me brindaba la posibilidad de llegar en ataque. Muchos goles fueron entrando, porque el desborde venía por el lado contrario. Algunos de cabeza, pero en línea general en Boca hice más goles de jugada. Tenía esa virtud de anticipar y un buen juego aéreo, pero me aprovechaba de los grandotes, de Martín (Palermo), Walter (Samuel), el ‘Patrón’ (Jorge Bermúdez); las marcas iban con ellos y generalmente a mí me tocaba uno más bajito o más lento y me entonces aprovechaba. En Villarreal también hice bastantes goles [14 en 284 partidos], pero ya fueron la mayoría de cabeza.

-Coutinho (Santos, 1962 y 63), Alberto Spencer (Peñarol, 1962 y 66), Zico (Flamengo, en 1981), Luis “Lucho” Pérez (Colo Colo, 1991), Hernán Crespo (River, 1996), Marcelo ‘El Chelo’ Delgado (Boca, en 2003), Thiago Neves (Fluminense, en 2008) y Gabriel Barbosa (Flamengo, en 2019) marcaron dos o más goles en partidos final de CONMEBOL Libertadores en toda la historia. Y vos, en aquella de 2000. Sos el único defensor.

-Fue atípico. El ego lo tengo bastante bien controlado y me daba igual. Obviamente que te interesa tu rendimiento, pero en ese momento lo que pensaba era en tratar de conseguir un título que hacía muchísimos años que a Boca no se le daba [desde 1978]. Además, ya estaba vendido al Villarreal y sabía que era mi única o última CONMEBOL Libertadores como jugador, y lo fue. A pesar del 2-2, de jugar en casa contra el campeón de la CONMEBOL Libertadores, estábamos confiados en que podíamos competir de visitante contra el Palmeiras. No era que íbamos a golear, pero tampoco nos iban a hacer muchos goles. Íbamos a ir a lucharla, y por suerte se dio.

-¿Qué es la CONMEBOL Libertadores?

-Es lo máximo. Para un jugador sudamericano que haya salido del club del que es hincha, en el que naciste, y jugar una final, hacer dos goles y conseguir el título, es lo máximo. Cada torneo tiene sus particularidades. A los sudamericanos nos gusta el quilombo, ir de visitante y traer los tres puntos, que termine el partido y no haya agua caliente. Con respecto a hace 25 años, ha cambiado, pero se sienten y se escucha situaciones que decís: “Bueno, todavía no ha cambiado”. Los viajes, las escalas. Muchas veces te toca un viaje largo. En Europa a lo sumo puede ser la nieve, y no más; es mucho más cercano. En Sudamérica también te podés encontrar campos que no están tan bien, aunque mejoraron casi todos desde el 2000 para acá. Eso le da un gustito más especial.

-¿Por qué la CONMEBOL Libertadores es una “obsesión”?

-Los campeonatos locales son importantes. Y la CONMEBOL Libertadores es lo máximo a nivel internacional para un club como Boca, que hace ya bastantes años que no la ha vuelto a conseguir [18 años]. Habla bien también de nosotros en nuestro momento, cuando se conseguía bastantes veces seguidas. El hincha quiere esa copa. Todo el club lo sabe. No es fácil porque necesitás tener un equilibrio durante todo un año en cuanto a las emociones y a los momentos. Cuando viene la parte difícil hay que estar preparado y no ponerse nerviosos. Es normal que tengas un sube y baja. Boca ha empezado bien y tiene que tratar de ir mejorando. Los equipos brasileños, por presupuesto, calidad de jugadores y plantillas, tienen una ventaja. Eso no significa que Boca no pueda salir campeón. Pero hay que trabajar y manejarse bien, tener mucho cuidado con lo que se dice y se hace, ser profesionales. Los pequeños detalles, a lo largo del año, son importantes. Y estar en conjunto con la directiva, el entrenador y los jugadores.

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-¿Qué te enseñó Bianchi, el entrenador más ganador, con cuatro copas, en la historia de la CONMEBOL Libertadores?

-Carlos era muy simple; no era un entrenador que te volviera loco con los movimientos tácticos. Tenía tres o cuatro frases de cabecera. “Rodolfo, acordate que lo primero es defender. Después, si podés atacar, mucho mejor”. “Una victoria llama a otra victoria”. Las repetía él, (Carlos) Ischia, el Toti Veglio, el profe (Julio) Santella. Y la humildad siempre se caracterizaba en el grupo. Nosotros jamás hablábamos de ‘campeón’ aunque nos faltara poco. Si bien estábamos cerca y confiábamos, había que tratar de bajarles los decibeles al entorno, porque los hinchas de Boca son viscerales y se vuelven locos. Carlos siempre mandó su mensaje al grupo y el grupo fue inteligente y lo supo entender. Él, además, tenía muy bien a los que no jugaban. Sucedió cuando Martín (Palermo) se lesionó y sacó a los chicos y respondieron. En los partidos chivos o en los que había declaraciones del otro lado, éramos todos del mismo perfil: había que hablar en la cancha. Ese era Carlos en líneas generales: un tipo sencillo que, con una o dos palabras, vos ya veías lo que te quería decir.

-Riquelme fue la gran figura de la CONMEBOL Libertadores 2007, la última de Boca. El juego de aquel equipo de Miguel Ángel Russo giraba en torno a él. ¿Hoy ese jugador en Boca, sin comparar a uno con el otro, puede ser Leandro Paredes?

-Cuando llegó, Boca empezó a tener más tenencia de pelota, a tratar de buscar esos pases filtrados para romper línea rival que antes no se hacían. El otro día, por la liga local contra Talleres, hay un pase filtrado de Marco Pellegrino, uno de los centrales, y se ve en la acción que Leandro lo felicita. Es un jugador con mucha experiencia y también de la casa. Y que sabe lo que significa la CONMEBOL Libertadores para este grupo y para este momento. A Román en Boca lo tuve más joven, pero ya era Román en la época de Carlos, y ya en el Villarreal era un jugador más consagrado. Tenés que basar el juego en estos jugadores. En Boca teníamos a diferentes jugadores de diferentes edades, tal vez en buenos momentos. Y Román resaltaba en cuanto a la tendencia de la pelota. Yo sabía que tenía que tocar, pasar, y la pelota me iba a llegar adelante, sea por dentro, por fuera: la pelota llegaba ahí.

-En paralelo, Paredes pareciera potenciar a otros jugadores fruto de las inferiores, como Milton Delgado y Tomás Aranda.

-A Aranda lo veo en algunas acciones muy mimado, y eso le viene bien porque así no lo cargan de tantas responsabilidades. Con todo lo que se comenta por afuera, muchas veces le puede caer una presión extra al pibe. Delgado lo mismo. Y no hay que olvidarse del 'Changuito' Zeballos. Son chicos de la cantera.