- El club argentino de la provincia de Mendoza participará en su primera CONMEBOL Libertadores
- Su DT perdió dos finales como futbolista, jugando para Newell’s en 1992 y para América de Cali en 1996
En la madrugada del 4 de febrero pasado, tras el triunfo 2-1 de Independiente Rivadavia ante Sarmiento de Junín por la tercera fecha del Torneo Apertura 2026 de Argentina, algunos hinchas no pudieron salir de su asombro cuando lo vieron pasar por la calle principal del centro de Mendoza capital, la Arístides Villanueva, en auto, los vidrios bajos, gritando y tocando bocina, escuchando “Ba Ba Bad Remix” a todo volumen. “¡Vamooos la Lepra, vamo la Lepra, muchachos, vamos vamos!”, arengó a los hinchas Alfredo Jesús Berti, el entrenador del Club Sportivo Independiente Rivadavia, que debutará en la edición 2026 en la CONMEBOL Libertadores.
Es que el 'Loco' Berti, quien transita su tercera etapa en Independiente Rivadavia, es el DT que no solo ganó la Copa Argentina 2025 que le otorgó la clasificación a la Libertadores: es el que en 2017 logró la permanencia en la Primera Nacional, segunda división, y evitó el descenso al Federal A, y el que, en 2023, salió campeón de la Primera Nacional y llevó a la Lepra a la Primera División tras 41 años. Hoy Berti está en las pieles de un puñado de hinchas como tatuaje, en un mural en la Sexta Sección de Mendoza capital, en una bandera y en un telón.
Berti -54 años, nacido en Empalme Villa Constitución, provincia de Santa Fe- será el entrenador que comandará a Independiente Rivadavia en su primera salida internacional. Como futbolista, un temperamental mediocampista central, perdió dos finales de Libertadores: con Newell’s, su club de origen, en 1992 ante el São Paulo de Telê Santana, y con América de Cali, en 1996, frente al River de Ramón Díaz. En ambas finales a ida y vuelta, Berti, un inclaudicable que no escatimaba oxígeno en el despliegue para el quite y la entrega del primer pase, jugó todos los minutos de los cuatro partidos.
Ahora, como DT de Independiente Rivadavia, intentará al menos clasificarse a los octavos de final, lo que no pudo la única vez que dirigió en Libertadores, en la edición 2014 con Newell’s (de hecho, renunció tras no haber podido cumplir el objetivo). Tuvieron que pasar 12 años para que Berti se reencuentre con la copa. Construyó un equipo muy intenso, que presiona arriba, desde afuera -desde los laterales- hacia el centro de la cancha, equilibrado en el mediocampo con Tomás Bottari, José Florentín y Matías Alejandro Fernández.
Con un 5-3-2 de base que arma de atrás para adelante en la búsqueda de la seguridad defensiva -tres centrales fuertes de buen juego aéreo en ambas áreas y dos carrileros-, el equipo recae a veces mucho en la explosión en ataque del colombiano Sebastián Villa. Quienes lo conocen de cerca a Berti destacan su inteligencia, que acierta en los cambios y el buen diálogo con los futbolistas, a los que les baja consignas simples y claras, a lo Carlos Bianchi, a quien tuvo como DT en Boca (1998-2000).
Berti, además de jugar dos finales de CONMEBOL Libertadores, compartió equipo en dos clubes diferentes con Diego Maradona, en Newell’s (1993) y en Boca (1997). Lo recordó tras ganar la Copa Argentina con Independiente Rivadavia: “En cualquier momento de las 24 horas del día están las palabras fútbol y Maradona. Siempre están en mi cerebro. Soy el único futbolista con el que jugó en dos equipos diferentes. Era mi ídolo de pibe. Conocer su esencia fue muy inspirador para todo lo que vino después. Diego era una persona extremadamente competitiva, que quería mejorar, perfeccionarse, muy humilde y generoso con los compañeros. Eso tratamos de volcarles a los jóvenes, que tienen 18 años y juegan un partido y ya se confunden. Siempre les digo lo mismo: ‘Maradona hay uno solo, no se confundía, si vos te confundís…’. Maradona siempre estaba al pie del cañón, cerca, dispuesto, competitivo. Ese era”.
En el Estadio Bautista Gargantini, en “La Catedral del Parque” de Independiente Rivadavia, Berti encontró el amor y el respeto. La hinchada le dedicó una bandera-telón. Él, con los brazos abiertos, el escudo y una estrella dorada por encima, y este mensaje: “Que de la mano / de Alfredo Berti”. En el mural, en cambio, aparece con su boina gris característica. Es, dicen, el ídolo contemporáneo más presente hoy entre los hinchas de la Lepra.
Julia y Apolonia, sus hijas, lo siguen junto al equipo (jugadoras de hockey en el Club Atlético Empalme, en 2025 ellas fueron campeonas de la Liga de la Unidad). Como su padre. Ya en febrero de 2026, Berti fue invitado a dar una charla sobre liderazgo deportivo en la Universidad Nacional de Cuyo (UNCuyo). En 2025, en la celebración del título de la Copa Argentina, primero en la historia del club, había sido declarado como el primer “C-SIR” de Independiente Rivadavia (en un juego con las iniciales de la institución, “CSIR”). Desde Mendoza, el “caballero” Berti saldrá a la conquista de América.
“Nosotros -les dijo Berti a los hinchas en la inauguración de su mural- tratamos de inyectar el amor que tienen ustedes para que los jugadores dejen todo en la cancha: un equipo que se entrega y que se fusiona con el amor y el cariño del hincha”.